El Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Tamaulipas ha puesto en marcha la maquinaria para un relevo en su dirigencia estatal. Tras una gestión marcada por resultados electorales mínimos y una creciente tensión interna, la salida de Bruno Díaz Lara parece ser el primer paso de una reestructuración profunda que busca salvar al "tricolor" de la irrelevancia política.
La decisión se formalizó tras la sesión de la Comisión Política Permanente el pasado 10 de marzo, donde se aprobó la renovación de los Consejos Políticos Estatales y Municipales, lo que en los hechos abre la puerta a la elección de una nueva presidencia.
Una dirigencia de claroscuros y despedidas
Bruno Díaz asumió las riendas del PRI el 26 de noviembre de 2024, en fórmula con Juliana Garza, con la difícil tarea de suceder a Mercedes del Carmen "Paloma" Guillén Vicente. Sin embargo, en poco más de un año, el partido no logró capitalizar su estructura:
- Distanciamiento de aliados: Bajo su mando, el PRI se alejó de sus antiguos compañeros de coalición, el PAN y el Partido Verde.
- Fuga de cuadros: La salida de figuras relevantes debilitó la operación política en territorios clave.
- Resultados en las urnas: El saldo actual es crítico, contando apenas con una diputación y dos alcaldías rurales (Güémes y San Nicolás).
El fantasma del 3%
La preocupación en las filas priistas no es menor. Con la actual votación, el partido se encuentra peligrosamente cerca del umbral mínimo. De no alcanzar al menos el tres por ciento de los votos en el proceso de 2027, el PRI perdería su registro oficial en Tamaulipas, dejando de existir como fuerza política con financiamiento público estatal.
“Con cercanía, organización y trabajo diario... seguimos construyendo desde la base para recuperar la confianza de las y los tamaulipecos”, señalaron fuentes internas desde la capital, aunque el optimismo choca con la realidad de las cifras.
¿Qué sigue para el PRI?
La Comisión Estatal de Procesos Internos será ahora la encargada de emitir la convocatoria oficial para el registro de aspirantes. El reto para quien asuma la nueva dirigencia será monumental: reorganizar una estructura fracturada y convencer a la militancia de que el partido aún tiene pulso para competir contra la hegemonía de Morena y la persistencia del PAN.